Anemia gestacional: ¿tener anemia puede afectar a mi embarazo? ¿Cómo evitarlo?

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Durante el embarazo surgen muchas preocupaciones sobre el estado del feto y sobre cómo el estado de salud de la madre afecta a su desarrollo. La anemia es uno de los síntomas que pueden aparecen durante la gestación y muchas embarazadas tienen dudas sobre los efectos que esta patología puede tener en la salud del bebé.

No es raro que una mujer tenga anemia, especialmente en edad reproductiva y, por lo general, la anemia no suele suponer una complicación grave en el embarazo. Aun así se recomienda acudir a un ginecólogo para que valore si es necesario algún tratamiento concreto.

Causas de la anemia y la anemia gestacional

La causa más común de anemia en el embarazo es el déficit de hierro, o sea, lo que llamamos anemia ferropénica. También se puede producir por un déficit de ácido fólico o vitamina B12, por algunas enfermedades hereditarias como la talasemia, o por pérdidas de sangre moderadas.

En el embarazo aumenta la posibilidad de tener anemia, hasta un 25% en el tercer trimestre. El volumen sanguíneo aumenta un 45%y además es necesaria la formación de la placenta. Esto, más el consumo del feto, aumenta las necesidades de glóbulos rojos y, por tanto, de hierro.

Síntomas de la anemia 

Lo habitual, si es una anemia leve, es no notar ningún síntoma. En caso de anemias moderadas o graves podemos encontrar:

  • Debilidad y mareos
  • Taquicardia
  • Dificultades para respirar con normalidad
  • Uñas quebradizas
  • Palidez en la piel, labios y parte inferior de los párpados
  • Lesiones en las orillas de la boca

Anemia y embarazo

Una anemia leve no produce complicaciones en el embarazo. Sólo debemos preocuparnos en caso de anemias graves, o moderadas y graves de larga evolución o que no responden al tratamiento. En estos casos, se puede relacionar con retrasos de crecimiento y un aumento del riesgo de muerte intraútero y mortalidad perinatal.

Diagnóstico y tratamiento contra la anemia

Durante la gestación se realizan tres analíticas de control, en el primer, segundo y tercer trimestre. En una embarazada sana no se suele diagnosticar una anemia en el primer trimestre, sin embargo, en el segundo y tercero, es más frecuente. Se considera anemia cuando vemos un hematocrito menor de 33% y/o hemoglobina menor de 11 gr/dl.

Hay otros índices hematométricos que nos indican una anemia ferropénica:

  • Volumen Corpuscular Medio (VCM): Disminuido.
  • Concentración de Hemoglobina Corpuscular Media (CHCM): disminuida.
  • Morfología eritrocitaria: hipocromía, microcitosis.
  • Ferremia (hierro en sangre): Disminuida.
  • Capacidad total de saturación de hierro (CTSH): Aumentada.
  • Porcentaje de saturación de la transferrina: Disminuido.

Para prevenir, lo ideal es seguir una dieta sana y tomar un complejo vitamínico específico para embarazadas, que contiene, entre otras cosas, hierro, ácido fólico y vitamina B12, porque la dosis de hierro recomendada en el embarazo es de 30 mg diarios, es decir más del 30% de la dosis habitualmente indicada. Aconsejamos tomarlo desde el periodo preconcepcional (tres meses antes aproximadamente), durante toda la gestación y lactancia (opcional).

Respecto a la dieta, los alimentos ricos en hierro son: carnes rojas, pavo, conejo, verduras de hoja, legumbres, moluscos,  frutos secos… La asociación con vitamina C mejora la absorción. Sin embargo, los lácteos, el exceso de fibra y los taninos (café y té) la empeoran. Por lo general se absorbe mejor el hierro de fuentes animales, que vegetales.

Cuando el ginecólogo especialista en Obstetricia, detecta una anemia leve/ moderada durante la gestación se instaura un tratamiento con hierro oral (sulfato ferroso, hierro sucrosomado, lactoferrina, hierro proteinsuccinilato…), diario, hasta el final de la gestación, para mejorar la situación todo lo posible de cara al parto. En caso de anemias graves, normalmente por otras causas (enfermedades hematológicas o sangrados abundantes) se puede utilizar hierro intravenoso o incluso una transfusión de concentrado de hematíes.

En la mayoría de casos, la anemia gestacional no implica complicaciones graves en el embarazo y un tratamiento adecuado puede solventar los posibles problemas que pueden surgir durante la gestación.

Información redactada por la Dra Marina Sánchez, de la Unidad de Obstetricia de FIV Recoletos.

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