Bebés prematuros: cómo afrontar la vuelta a casa

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BEBE PREMATURO
España es, a día de hoy, uno de los países con mayor índice de bebés prematuros de Europa, y la cifra va en aumento. Actualmente, uno de cada 13 bebés que nacen en España es prematuro. Se trata de un dato relevante, ya que los bebés prematuros tienen unas características y una vulnerabilidad especial que hace que tengan un mayor riesgo de desarrollar problemas de salud que los bebés que nacen a término, y por ello hay que vigilar muy de cerca su salud y seguridad, al menos durante el primer año de vida. Por lo tanto, la vuelta a casa tras el alta en el hospital es uno de los retos de mayor importancia para los padres.

Una vez les dan el alta en la maternidad, los bebés prematuros necesitan unas atenciones mayores para minimizar el riesgo de complicaciones que pueden asociarse a la prematuridad, y es común que el miedo invada a los padres debido a que atraviesan una situación de incertidumbre y de sentimientos encontrados. Por una parte, sienten la alegría de poder llevar a su hijo a casa, pero por otra, debido a la fragilidad del bebé, tienen miedo de perder el ambiente protector del hospital y sienten inseguridad sobre si podrán proporcionar los cuidados que el bebé necesita sin el apoyo médico. Para facilitar el paso del hospital a casa, es importante ir preparando el alta con los profesionales sanitarios, e ir aprendiendo a realizar los cuidados gradualmente, además de informarse sobre qué pautas de vigilancia hay que realizar y cuáles son las prevenciones y problemas más frecuentes para saber cómo actuar.

Las alteraciones respiratorias pueden ser comunes entre los prematuros, ya que su aparato respiratorio no se ha podido desarrollar suficientemente. Por ello es necesario observar la respiración del bebé: observar los movimientos del pecho, su número de respiraciones por minuto, así como los ruidos que hace al respirar. Los bebés prematuros también tienen más riesgo de infecciones respiratorias, por lo que conviene adoptar algunas medidas higiénicas básicas, como por ejemplo lavarse las manos con frecuencia, utilizar pañuelos desechables, limpiar y desinfectar los juguetes, así como el entorno más cercano al bebé (sobre todo si tiene otros hermanos). Y es muy importante controlar las visitas: es fundamental tomar precauciones si un familiar está resfriado o tiene gripe; evitar que se acerquen al bebé o utilizar mascarillas para acercarse.

Se deben tener en cuenta asimismo dos aspectos fundamentales: el calor corporal y la alimentación. Los bebés prematuros tienen mayor dificultad para conservar el calor corporal porque tienen poca grasa, por lo que es importante mantener constante la temperatura ambiental y ponerle la ropa adecuada para ayudarle a regular su temperatura. En cuanto a la alimentación, la mejor dieta en este caso es la lactancia materna, porque contribuye a fortalecer su sistema inmunitario, aunque algunos prematuros pueden necesitar un suplemento que les ayude a crecer. Si el bebé no puede mamar directamente, se le puede administrar la leche materna mediante una sonda de alimentación.

Los bebés prematuros pueden empezar a salir a la calle a dar paseos cortos y tranquilos en el momento en que se cumpla la fecha prevista para su nacimiento. Los especialistas aconsejan evitar los lugares con mucha aglomeración de personas, y evitar los ambientes muy cargados o con humo, que pueden resultar muy perjudiciales para su salud. En este sentido, también conviene controlar la cantidad de visitas que recibe el bebé, evitando que haya varias personas a la vez y controlar que éstas no padecen ninguna enfermedad contagiosa que puedan trasmitirle.

Es también importante conocer, antes de obtener el alta hospitalaria, los signos de alarma para ir al pediatra o acudir a urgencias. Como recomendaciones generales, es conveniente acudir al pediatra si el bebé come peor, llora en exceso, duerme más de lo habitual o está irritable o menos activo; si tose, vomita o regurgita con frecuencia; si respira más rápido o con dificultad, con movimientos visibles del pecho; si tiene deposiciones frecuentes o líquidas. Como signos generales recomendados para llamar o acudir al centro de salud de forma urgente, se encuentran los siguientes: la temperatura inferior a 36ºC o más de 37’5ºC, las alteraciones del sueño durante dos días, el llanto continuo e inconsolable, si tarda en despertarse o tiene signos de deshidratación (ojos hundidos, orina escasa de color oscuro y boca seca, si tiene un color de piel azulada, pálida o con manchas, o sufre cambios en la respiración).

Pero la parte más importante es la referente al aprendizaje de los nuevos padres. Un bebé prematuro necesita unos cuidados mayores, y los padres son fundamentales y únicos para cuidar de la mejor forma posible y con más cariño la salud del recién nacido. Como sucede en muchas cosas en la vida, los nuevos papás se desenvolverán mejor conforme vayan pasando los días, vayan conociendo a su bebé y vayan ganando confianza en sí mismos y en su nuevo papel. De esta forma, aprenderán a identificar también el comportamiento del bebé y a reaccionar conforme a sus necesidades y cuidados.

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