Placenta previa. ¿Qué es y cuáles son sus riesgos?

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La  placenta previa es un problema del embarazo que se produce cuando la placenta se encuentra situada en una posición más baja de lo normal en el útero, cubriendo una parte o la totalidad del cuello del útero o cérvix (es decir, se coloca en una zona anormal en la salida natural del parto)  El signo más frecuente de que la mujer sufre placenta previa es el sangrado vaginal repentino e indoloro, ante el cual hay que acudir inmediatamente al especialista.

La placenta previa es una complicación que afecta a 1 de cada 200 embarazadas. Aunque es bastante frecuente observar placenta en esa situación previa durante las primeras semanas de embarazo, pero con el crecimiento del útero a medida que se desarrolla el embarazo, la placenta se desplaza hacia arriba, de forma que para  el tercer trimestre, la placenta se sitúa en la parte superior del útero, dejando  el cuello uterino despejado para el parto.

No es un problema por tanto al inicio del embarazo, pero si se mantiene cuando el embarazo está más evolucionado (tercer trimestre) puede causar hemorragias importantes y suponer un riesgo para la salud de la madre y el bebé.

Para disipar dudas sobre esta complicación durante el embarazo, conocer sus riesgos y su tratamiento, explicamos con detalle en qué consiste la placenta previa y cuándo puede suponer un problema grave para el embarazo.

Causas de la placenta previa

Se desconocen las causas concretas por las que aparece la placenta previa, pero la principal hipótesis la relaciona con una vascularización alterada de la capa interna del útero (endometrio), estando asociados una serie de factores de riesgo que podrían aumentar las posibilidades de padecerla. Estos son:

  • Úteros con desarrollo anormal.
  • Úteros que anteriormente hayan estado sometidos a alto estrés: embarazos múltiples anteriores, varios embarazos previos,
  • Cicatrices en el útero por abortos, cesáreas o cualquier otra cirugía previa.
  • Tabaquismo, abuso cocaína
  • Edad  materna > 35 años
  • Intervalo genésico corto (poco tiempo entre dos partos)
  • Antecedentes de placenta previa

Síntomas y riesgos de la placenta previa

El síntoma principal de la placenta previa es la hemorragia vaginal indolora de sangre roja brillante y de intensidad variable, cerca del final del segundo trimestre o empezando el tercer trimestre.

El sangrado puede ser intenso y es grave. Puede detenerse por sí solo, pero puede empezar de nuevo días o semanas después. Algunas veces, es posible que el sangrado no ocurra hasta después del comienzo del trabajo de parto.

Diagnóstico y tratamiento de la placenta previa

Se debe sospechar placenta previa en cualquier mujer que presente sangrado vaginal más allá de las 20 semanas. Cuando no se dispone de ecografía del segundo o tercer trimestre, ante un sangrado vaginal, se debe realizar un diagnóstico ecográfico previo al tacto vaginal.

Por lo tanto el diagnóstico de la placenta previa se realiza mediante una ecografía en la que se observa que la posición de la placenta no es la adecuada. Casi todas las mujeres con placenta previa necesitan una cesárea, ya que con esa posición un parto vaginal puede causar hemorragias importantes que pueden incluso poner en riesgo la vida de la madre y el bebé.

En el diagnóstico, es imprescindible, para establecer qué acciones tomar para minimizar los riesgos, valorar la semana de gestación, la intensidad de los sangrados, y el riesgo de complicaciones.

En este sentido, si el sangrado es leve y la placenta está situada más baja de lo normal pero no obstruye el cuello del útero, el ginecólogo puede retrasar la cesárea y proponer una conducta expectante con reposo absoluto, un seguimiento intensivo y tratamiento  para evitar un  parto muy prematuro. Los partos de embarazos con placenta previa sin complicaciones deben realizarse de las 36 a 37 y no llegar a término porque  el riesgo asociado a la continuación del embarazo (hemorragia grave, cesárea urgente) es mayor que el riesgo asociado a ser prematuro.

Si, por el contrario, existen factores de riesgo de complicaciones para la madre y el feto, como sangrado  abundante o la placenta obstruye totalmente el cuello del útero, puede ser necesario ingresar a la mujer embarazada para controlar el proceso y  realizar una cesárea de urgencia. Puede ser necesario utilizar fármacos (corticosteoides) para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.

Por lo general, la placenta previa es una complicación del embarazo que bien controlada no suele ocasionar problemas graves pero es potencialmente peligrosa. Ante un sangrado durante el embarazo es importantísimo acudir a tu ginecólogo para hacer un diagnóstico y en caso de ser necesario, realizar un seguimiento más exhaustivo y tomar las decisiones oportunas para garantizar la seguridad del embarazo, de la madre y del feto. Consulta con nuestros ginecólogos especializados en obstetricia de forma personalizada.

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