¿Por qué llora mi bebé recién nacido?

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La felicidad por la llegada de un bebé puede verse en ocasiones eclipsada por la angustia que suelen experimentar los padres, sobre todo los primerizos, ante el llanto desconsolado del pequeño. Su imposibilidad para entender qué le ocurre en ocasiones desborda a los papás, que se preocupan buscando métodos que les permitan descifrar el origen del llanto.

En este sentido, hay que saber que los motivos por los que llora un bebé tan pequeño pueden ser varios, y que puede resultar difícil al principio, pero también que parte de la crianza se basa en probar y equivocarse, y que observando a tu hijo pronto aprenderás a adivinar sus necesidades e identificar las señales de aviso para así poder actuar eficazmente y consolar al pequeño.

En las primeras semanas el recién nacido no utiliza normalmente el llanto como síntoma de comunicación explícita, sino que con él demuestran que algo les molesta o les incomoda. Las razones más frecuentes por las que lloran los bebés pequeños son el hambre, la necesidad de dormir, las molestias digestivas, el frío o el calor o la incomodidad de tener el pañal sucio.

Dos de las causas más frecuentes del llanto son el hambre y la necesidad de sueño. Dormir es para un bebé tan importante como comer. Por eso es fundamental, sobre todo en los primeros meses de vida del bebé, estar atentos a la rutina de descanso, e intentar no alterarla.

Otro motivo recurrente que provoca el llanto de un bebé puede ser el dolor digestivo. Esta situación se hará presente con mayor intensidad durante las primeras semanas, ya que su sistema digestivo todavía no está totalmente desarrollado, lo que le genera molestos gases, cólicos y reflujos que le harán sentirse incómodo.

Consulte con el médico o la enfermera si el llanto excesivo de un bebé persiste sin ninguna explicación y no desaparece en un día, a pesar de los intentos calmarlo en casa o si el bebé presenta junto con el llanto excesivo otros síntomas como fiebre.

Como curiosidad, según un estudio reciente español realizado en niños recién nacidos, cuando el llanto se produce por enfado o miedo, mantienen los ojos abiertos, y la intensidad va en aumento. Por el contrario, cuando el lloro se inicia de forma intensa y con los ojos cerrados, es señal de dolor. Por tanto, la observación y el aprendizaje son  claves para que los padres consigan calmar a sus pequeños y no caer en la desesperación. Además de un requisito fundamental con el que todos los padres deben contar: la paciencia.

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